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Después, Leticia de Jáber, vicepresidenta del Orfanatorio Mazatlán,  dio la bienvenida a la cita anual con el arte.Las estrellas de la noche fueron solistas y los integrantes del Coro Ángela Peralta  del Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán,  bajo la dirección artística del maestro Antonio González.   También al piano, el maestro Miguel Rivera. 
Convocado por el patronato del Orfanatorio Mazatlán  presidido por Cristina Peña de Herrera y la vicepresidenta Leticia de Jáber, el evento celebrado en el patio central de esta antigua casa de asistencia, tuvo el objetivo de recabar fondos.
Los recursos obtenidos a través de la venta de boletos para ingresar al concierto serán utilizados para solventar las necesidades de este hogar sustituto que proporciona techo, alimentos y atención integral de manera temporal o permanente a menores en riesgo.
El público abarrotó el patio central del Orfanatorio. El escenario fue íntimo.  Los  árboles de frondosas copas ofrecieron un ambiente acogedor pues sus troncos fueron iluminados y   el juego de luces se extendió hasta  el escenario  para crear  la atmósfera adecuada para cada número.
Posterior a los agradecimientos a solistas, al Coro Ángela Peralta, a su director Antonio González, al maestro Miguel Rivera  y al Instituto de Cultura de Mazatlán por su apoyo para la realización del evento,  la señora de Jáber  bajó del escenario para iniciar el concierto.
En segundos,  aparecieron los integrantes del Coro en el improvisado escenario,  equipado con cuatro niveles al fondo,  donde se acomodaron los cantantes que pudieron ser vistos todo el tiempo debido a los desniveles.
Al frente, en los pianos,  el maestro Antonio González Guerrero, director artístico del programa  y el pianista  Miguel Rivera en el  otro extremo.
Como suele suceder en este evento anual, la respuesta del público fue amplia.  El concierto comenzó  minutos después de las siete de la noche y se prolongó por casi dos horas.
La música española fue briosa, festiva, coqueta y apasionada. El vestuario todo en negro. Entre el público se encontraban muchas personas que nunca habían presenciado un espectáculo de esta índole, pero se veían embelesados.  Predominaban los espectadores canadienses y norteamericanos.

Éste artículo fue publicado en Prensa. .

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