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En punto de las 23:00 horas del pasado martes la explanada frente al monumento de El Venadito lucía llena, la gente había llegado temprano para tener lugar seguro en el concierto de una de las agrupaciones que ha sabido formarse nombre y estilo propio con los años.Los Recoditos arrancaron yéndose directamente a los sabores tradicionales de Sinaloa con El sauce y la palma para pasar de golpe al himno no oficial del puerto, El corrido de Mazatlán.
Con El sinaloense y Arráncame la vida comenzó el zapateo entre botes de cerveza,  gritos y apretones entre las parejas, un público agradecido con la entrega de la banda comenzó a corear las canciones para hacer del paseo más tradicional del puerto un galerón consagrado a la música sinaloense, que entre sus presentes contó con la presencia de Charly Pérez, vocalista de Banda “La Madre de todas las Bandas”, Banda  El Recodo.
El vocalista Luis Ángel Franco metió más calor a la madrugada del  5 de marzo, con Paso a paso y Lola la bailera para después homenajear a un artista ya legendario en la historia de la música sinaloense, Pancho Barraza con Vuelve por favor, allí, el público dispersado a lo largo del paseo cantó a todo pulmón mientras en el cielo lo cohetes tronaban iluminando los timbres rasposos, cargados de sentimiento, de hombres y mujeres por igual.
Con Ando bien pedo, la raza alzó sus botes, brindó a fondo, cargando la garganta para hinchar el ánimo y aguantar la larga desvelada que se prolongó hasta casi las tres de la mañana con una hilera de éxitos  El free, Árboles de la barranca, El camaroncito mientras  a la altura del edificio Poder Judicial de la Federación la gente, apeñuscada, bailaba entre los puestos de comida y veía a través de pantallas gigantes como Franco se bajaba el pantalón haciendo el escándalo y la delicia de la gallada.
Como prueba de cariño y fidelidad a su público, Los Recoditos pidieron a Doña Braulia y Maritoña Acosta subir al escenario para gozar junto a ellos e incluso, aventarse un baile de cartoncito con el vocalista y también un sándwich para que la gente riera a carcajadas.
En uno de los momentos más fuertes de la noche Mi último deseo se convirtió en un himno a la vida rápida, excesiva y a flor de piel que Los Recoditos saben tatuar con su música, y de esa forma la noche se alargó, como suspiro intenso, alegre, desparpajado del alma sinaloense que sale a gritar y bailar en la máxima fiesta de Mazatlán, el Carnaval.   
 

Éste artículo fue publicado en Prensa. .

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