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Él, un escritor que suele trabajar a la sombra, recluido sobre su escritorio, en la lectura, en la revisión de su obra jamás pensó la clase de dicha que este galardón representaría en su trayectoria.“Verdaderamente, me ha aturdido de alegría y creo que uno como practicante de la escritura debe aprender a trabajar en la soledad y de pronto me acurre esto, me desconcierto y evidentemente es un motivo de alegría grandísimo”.
Chantajes del Olvido, su segundo libro de poesía, es un recorrido por los valles y cimas del amor, tema central del quehacer poético y, para Lomas, de la existencia misma: la ilusión, la pérdida, el desengaño, la nostalgia asoman sus rostros a través de versos trabajados con enorme rigor, con paciencia y disciplina y que apuestan siempre con una sonoridad atractiva y un mensaje claro.
“He tratado de que exista una sonoridad en los poemas y de hecho, según mi juicio, si no lo ha tenido algún poema que yo escriba, no entra; por otra parte, yo creo que mi trabajo también trata de tener un sentido, de que no sea pura musicalidad verbal, un concierto de letras, no, también me gustan los poemas que tienen un sentido, hay poetas que hablan con imágenes, incluso que son muy complejos, por ejemplo José Lezama Lima, es dificilísimo, a mí me abruma, ¿qué me quiere decir?, es un lenguaje de puras imágenes, y hay poetas que comunican su mensaje en esa línea, también me gusta esa línea, no hacer del poema una indescifrable adivinanza”.
En 19 años como escritor, Daniel Lomas ha tenido la oportunidad de explorar la poesía, un género que califica como caprichoso, algo que ocurre y no puede ser forzado a fustazos de tinta; pero también ha trabajado en la prosa, el año pasado publicó Morena de mar, una novela que transcurre en Mazatlán y para la cual empleó a fondo su oficio literario.
“Veo que la narrativa es sumamente exigente, por ejemplo, en lo que he escrito de narrativa yo he tenido que trabajar en varios borradores, Juan Carlos Onetti, el escritor uruguayo que tanto admiro,  escribía al primer impulso, sin corregir, ¡no!, yo quisiera algún día alcanzar eso, tengo 36 años, tengo que hacer un borrador, luego otro de una misma escena y al final una versión definitiva y eso implica rigor, porque el primer borrador es algo torpe,descolorido, a veces sin pies ni cabeza, pero algo de eso servirá para la versión definitiva, entonces, digamos así: la versión definitiva va creciendo en pausas”, dice Lomas que para el concurso inscribió su obra bajo el pseudónimo Jota Carlos Onetti.
El autor coahuilense conserva intacta la fascinación por la palabra, es un admirador de Francisco Hernández, ganador en 2010 del Premio Mazatlán de Literatura por La Isla de las Breves ausencias, ve como algo natural que la poesía no sea un género popular en un mundo plagado de distractores, en donde la gente tiene postr

Éste artículo fue publicado en Prensa. .

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