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Cuatro mantas en diferentes tonalidades de azul que reflejaban tranquilidad en el recinto y un pequeño candelabro con cinco velas que formaban una cruz fueron los elementos que escenificaron este espectáculo que estuvo aderezado con el acompañamiento instrumental del pianista Sergio Freeman.José Miguel Valenzuela abrió el concierto con Jal sole dal gange, de Alessandro Scarlatti. Sus compañeros también lucieron su calidad como solistas: Eduardo Tapia con  Selve amiche de Antonio Cordura;  Karla Arce en O del mío dolce ardor de Cristoph Willbald y Mariela Angulo hizo lo propio en Der tod und das madchen de  Franz Schubert.
El público pudo comprender y disfrutar más el espectáculo, pues en la parte superior derecha del escenario fueron proyectados subtítulos con las letras de algunas canciones.
El momento cumbre de la velada fue cuando las cuatro voces se unieron en el escenario e interpretaron Der abend de Johannes Brahms, ejecución que hizo vibrar al público y marcó el final de la primera parte del espectáculo. 
En la segunda parte de Líricamente, los interpretes ejecutaron románticas canciones en español como Despierta negro de Pablo Sorozábal, Rosa marchita de Tata Nacho y Despedida de María Grever, además de otras apasionantes canciones de compositores europeos.
Después de la emotiva interpretación de  A la orilla de un palmar por Karla Arce y Mariela Angulo, los cuatro artistas se juntaron en el escenario y reconocieron con aplausos al pianista Sergio Freeman por su apoyo. El público se alzó de pie y manifestó su agradecimiento con una horda de aplausos y gritos de “¡otra, otra!”.
Al finalizar, una edecán del Instituto de Cultura de Mazatlán les entregó a los artistas un par de arreglos florales y los cantantes despidieron a su público con dos interpretaciones más.
 
 
 
 
 

Éste artículo fue publicado en Prensa. .

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